Miren Larramendi
Profesora de Estado en Historia y Geografía, licenciada en Historia por la ex Universidad Técnica del Estado (USACH) y Magíster en Gobierno, Políticas Públicas y Territorio por la Universidad Alberto Hurtado.
El amor por la lectura y la escritura la acompaña desde la infancia. Sus primeros poemas y ensayos surgieron durante la adolescencia, al calor de las luchas estudiantiles y como una forma de sostener la complejidad de su mundo familiar y biográfico.
Durante su etapa universitaria crea fanzines y publica columnas, ensayos y artículos en diversas revistas, desde donde reflexiona y denuncia las tensiones políticas y culturales propias de su generación. En esos años también escribe sobre sus viajes por Chile, explorando los paisajes y las experiencias humanas que marcarían su obra posterior.
Ejerció la docencia durante quince años en establecimientos públicos y particulares, experiencia que moldeó profundamente su mirada sobre la educación y la cultura. Fue al calor de la didáctica de la historia y de su amor por las artes donde impulsó a sus estudiantes a escribir poesía, crear proyectos interdisciplinarios con filosofía, música y cine, y comprender el aula como un espacio vivo de transformación social y estética.
Al convertirse en madre, interrumpe su militancia y su activismo social para atravesar una profunda metamorfosis personal. Deja la gran capital y se asienta en Llolleo, donde habita desde hace nueve años este litoral —territorio bello y herido— como madre autónoma y trabajadora.
Dos de sus poemas, “El jardín de mi abuela” y “Tejemos carnes”, fueron publicados en la Antología Poética Femenina “El cuerpo es mudo, el cuerpo es carne” (2025), de Bonsaidepapel Ediciones.
Actualmente trabaja en su primer poemario, Miren la cicatriz, y en una novela de ficción histórica ambientada en San Antonio durante la dictadura cívico-militar, donde entrelaza memoria, territorio y resistencia.
Primavera Litoral
No nací
en este litoral
vine a morir aquí
y a nacer de nuevo
accidente geográfico
fuerza endógena
fractura del suelo
un cuerpo abierto
por la sal
por el viento
por la intemperie
//// diez años ////
invernando
maternando
trabajando
sosteniendo
sosteniendo
sosteniendo
mis sueños
semillas comprimidas
ocultas en la humedad de la espera
hoy brotan
rompen la costra
piden sol
una raíz se extiende
una raíz reclama
pertenencia
el mar me reconoce
(extranjera / orilla / espuma)
chaguales encendidos iluminan los cerros
espinos cubiertos de blanco
el río Maipo empuja su nombre
hasta el mar
florecer en tierra ajena
no es herencia recibida/destino azar
es herencia conquistada
en la práctica concreta de enraizarse
en la memoria insistente del cuerpo
en la obstinación de permanecer
¿hasta qué punto la pertenencia
se mide en sangre, en linaje?
y ¿hasta qué punto
en la práctica, en el cuidado,
en el trabajo silencioso de sostener un lugar?
polinizar la subjetividad
¿qué tensiones despiertan las semillas
cuando germinan
en tierra que parecía/dicen ajena?
la primavera de una mujer
en la mitad de la vida
no es distinta a la primavera de los estudiantes:
estallan proyectos
se tejen utopías
se desobedecen relojes
se quiebra la quietud
2006: liceos en pie de dignidad
2011: universitarios sin molotov/con carnaval
2019: un país entero
floreciendo en rabia y esperanza
mi primavera= su primavera
mitad de vida= juventud eterna e insurrecta
utopías en tránsito
utopías que insisten
utopías que insisten
semillas despiertas
raíces que fracturan pavimentos
flores que se rehúsan a obedecer
florece la piel
la savia sube
recorre venas como ríos
incendia mis estambres
abre la humedad de las espinas
el deseo retorna
como promesa
fulgor aurora
cada caricia es germinación
cada gota un exhalo de vida
no hay pudor en la mitad de la vida
hay lucidez
hay deseo que se sabe raíz
Y brota
contra toda
muerte
todavía vivimos
todavía vivimos
todavía
todavía
todavía
y las flores nacieron
de mi cicatriz